Cuentan sobre mí

Dice Sonia

Amate con Doula tiene nombre propio, Laia Vallet, amiga y hermana. Una mujer todo amor, sabiduría y humildad.  En mi caso particular, el embarazo significó atravesar muchos miedos. En ocasiones el temor llegaba a tocar de lleno mi corazón y me sentía perdida e incapaz.  Pero Laia siempre estaba ahí con un audio o unas palabras o simplemente una imagen que conseguían devolverme la confianza en mi misma, en mi bebé y en la vida. Lograban que me reconociera de nuevo como Mujer empoderada capaz de gestar una vida en mi útero. Fue tal la conexión con ella que incluso había veces que su rescate llegaba antes de poder pedirle auxilio. Acompañó nuestro embarazo desde el respeto y la comprensión. Aceptando cada decisión tomada. Aconsejando sin imponer. Aportando sabia información. Y ayudando a fortalecer el vínculo de pareja que nos permitiera estar conectados durante el embarazo y, sobretodo, durante el parto.

32 intensas y emocionantes horas antes de ver a nuestra pequeña. Acompañados en todo momento por Laia. Protegió nuestro espacio y se ocupó de que sólo energías amorosas entraran en él. Cada contracción me acompañaba con el sonido Aaaaaa; con una profunda respiración; con un masaje; con una palabra alentadora, de confianza, de que todo estaba bien…recordándome que debía conectar con mi pequeña, que ambas éramos lobas luchando por mirarnos a los ojos por primera vez.

Mi marido tuvo también su apoyo en todo momento y sus consejos para ser el mejor a mi lado. Y así fue…y así es. Porque el trabajo de Laia va más allá de los nueve meses de embarazo. Es un aprendizaje para toda la vida.
Cuando la culpa me alcanzó; cuando sentí haberles fallado a mi marido y a Laia por pedir la epidural 24 horas después de empezar las contracciones, lloré. Me causó más dolor que cualquier contracción. Una vez más, Laia estuvo a la altura y rebajó ese sentimiento injusto hacia mi misma. Me ayudó a aceptar mi decisión con amor. Y a aceptar que el nacimiento por cesárea de mi hija no era un deshonor ni haber fallado. Era decisión mía y de mi hija que esa iba a ser la manera de entrar en este mundo. De los brazos de su padre a los míos. Fue una doble alegría y un recuerdo precioso ver su carita entre brazos de papá al lado de una mirada de felicidad en él distinta a las que había visto hasta ese momento.

Fueron las horas más intensas y mágicas de mi vida.

Fue mi muerte y resurrección vivida junto a mi hermana. Mujeres con el potencial al máximo y unidas en el momento tan maravilloso que fue el nacimiento de mi hija.

Gracias Laia!!

Sònia